Cuando en estos momentos me veo obligado a escuchar mis discos para poder hablar de ellos siento una especial emoción pues debo decir que, de toda mi obra, los únicos discos que he escuchado alguna vez han sido “Tauromagia,”  “Locura de brisa y trino”“Medea,” (obra sinfónica para guitarra y orquesta que esperamos salga a la calle en enero de 2.006.)

     Pues por una u otra razón siempre he pensado que, hasta estos discos, mi obra no refleja la realidad de mi condición artística, me refiero principalmente a la interpretación.

     Cuando comienzo a grabar como solista con “Recital flamenco” en 1.967  a la edad de 24 años los medios y técnicos de grabación no tenían, ni por asomo, parecido alguno con los de hoy. Y todos estos primeros discos están hechos, generalmente, a la primera interpretación y sin corte alguno.

     Verte obligado a grabar a las diez de la mañana, horario laboral de los estudios, sabiendo que cualquier fallo quedará documentado para siempre y yo, que interpretaba desde una fuerte base emocional, encontrarme  a esa hora en unos estudios, que por su propia naturaleza técnica son tan ajenos a la sensibilidad artística, era una verdadera tortura.

     Aunque debo añadir que lo mismo hubiera sido, en este sentido, si se hubiera grabado a la seis de la tarde. Era el medio, más que la hora lo que descolocaba la ubicación emotiva  y artística.

     Como resultado de esta situación, cuando me ponía a grabar lo único que cuidaba era no cometer, por el nerviosismo y la tensión que produce lo inadecuado e impropio del medio, fallos técnicos.

     Toda la interpretación, al oírla, me parecía impropia de mí, ya que mi naturaleza musical me la reconocía expresiva y apasionada. Justo por esta razón mis discos, excepto los que ya he mencionados, los escuchaba para comprobar el master y ya no lo volvía a escuchar jamás.

     De manera que hasta este momento estos discos han permanecidos para mí mudos, y retomo su escucha por segunda vez con “Recital Flamenco” 1.968 después de 37 años. Y, la verdad, está mejor de lo que yo me esperaba.

M.Sanlúcar